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El Mercedes del Supremo: Liberación sin reinversión

La Ley del Impuesto sobre la Renta (artículo 38) excluye del gravamen el beneficio obtenido en la transmisión de la vivienda habitual si el importe obtenido se reinvierte en una nueva vivienda habitual si se cumplen las condiciones y los requisitos establecidos en la normativa fiscal. Al efecto, la norma reglamentaria (artículo 41.3) dispone: “La Reinversión del importe recibido la enajenación debe efectuarse una sola o sucesivamente, en un plazo máximo de dos años desde la fecha de transmisión de la residencia habitual”.

La regla de exención actual tiene orígenes lejanos en la primera ley del impuesto sobre la renta de la democracia, aprobada en 1978. Como no todos los tiempos pasados ​​han sido mejores, es de señalar a favor de la ley actual que la técnica de la legislatura de 1978 no fue la exención, pero el reducción de beneficio, que también se limita a un máximo de dos millones de pesetas. En todo caso, la reinversión de la cantidad obtenida en la transmisión debía reinvertirse en una nueva vivienda habitual en un plazo máximo de dos años, como sucede hoy en día. Así lo establecía lo dispuesto en el Código del Impuesto sobre la Renta, obra del ansiado maestro Jaime García Añoveros, el mejor ministro de Hacienda que tuvimos tras la muerte de Franco. García Añoveros, nacido en Teruel, era un sevillano elegante, sabio y discreto. El fenotipo intelectual y ético del ministro estaba íntimamente relacionado con su condición de amigo y discípulo de don Ramón Carande.

Hasta hace poco, la interpretación de la normativa del IRPF en esta materia era incuestionable y pacífica: tanto la adquisición de la nueva vivienda como la reinversión que se le destinaba de la transmisión de la anterior Tenían una fecha de caducidad de dos años.. La situación, sin embargo, ha dado un vuelco con la Sentencia 508/2022 dictada el 29 de abril de 2022 por la Sala de lo Contencioso-Administrativo (Sección 2) del Tribunal Supremo (TS), sobre la base de una sentencia anterior de 1 de octubre de 2020. La cuestión discutido fue si la reinversión tuvo lugar o no después el vencimiento del plazo legal de dos años, mediante el pago de un préstamo tomado para comprar la casa.

Los antecedentes de hecho de la sentencia se basan en una declaración del impuesto sobre la renta de 36.692,78 euros emitida por una oficina administrativa de la autoridad fiscal en Madrid. La oficina llega a esta cifra tras rebajar el importe de la plusvalía libre de impuestos, porque el contribuyente no ha reinvertido el importe total conseguido en el traslado de la primera vivienda en una nueva vivienda principal en el plazo de dos años. Este importe fue de 320.115,73 euros y el contribuyente reportó una plusvalía sujeta a ahorro de 163.360,67 euros.

Un año después de la venta, el interesado compró una nueva vivienda habitual a un precio superior al obtenido cuando vendió la primera (320.115,73 euros). Sin embargo, no reinvirtió el monto dentro del mencionado plazo de dos años. El calendario de pagos fue el siguiente: (i) 10.000 euros en concepto de depósito; (ii) la cesión del préstamo hipotecario suscrito por el vendedor de la vivienda, que en ese momento tenía un saldo vivo de 211.836,61 €; (iii) el diferimiento del precio restante con un período de carencia de tres años. Cuando la situación del contribuyente fue regulada por la autoridad fiscal, los pagos realizados en los dos años siguientes a la venta no superaron la cantidad de 14.293 euros.

Ahora estamos en condiciones de evaluar la calificación jurídica de los hechos por parte de la Corte Suprema. Para ello, tenemos que retroceder hasta su origen: “El paralelo” rodado por Hacienda (36.692,78 euros). El contribuyente sin desanimarse agotó todas sus municiones. Primero agarró el repuesto y el cartucho provocó una mueca burlona del oficial que dijo que no era no. Posteriormente denunció al TEAR de Madrid y cuando abrió la puerta un gato negro le maulló. Frustrado con la vía administrativa, el contribuyente acudió a la justicia ordinaria. En otro golpe, el Tribunal Supremo de Madrid desestimó su demanda, argumentando que la ley no permitía reinvertir el importe realizado en la transmisión de la primera vivienda mediante la devolución del préstamo subyacente, cuyas mensualidades excedían en un múltiplo el plazo tiempo, dos años Nadie da lo que no tiene. Pero en este caso el actor no entregó lo que tenía en la cartera, lo suficientemente grueso como para ser una fotocopia del ‘gracias’ de Rubén.

Con el agua hasta el cuello, el prospecto le pidió a la TS que le arrojara un salvavidas. El TS estimó su denuncia presentando una denuncia objetiva para formar jurisprudencia. ¿La pregunta relevante? “Determinar si, a efectos de la aplicación de la exención por reinversión en adquisición de vivienda habitual en el IRPF cuando el dinero destinado a tal fin proceda de un préstamo realizado por un tercero, ya sea directamente o como resultado de la cesión de un préstamo suscrito previamente por el vendedor de la propiedaddebe considerarse que la cantidad reinvertida es la cantidad pagada en vigor dentro del plazo prescrito de dos años para realizar la reinversión, o por el contrario, puede extenderse a las rentas vitalicias de préstamo amortizadas después“.

La respuesta de la corte es digna de incluirse en la “Antología de tonterías”, un antiguo obsequio anual que recopilaba las “mejores” respuestas de los estudiantes en los exámenes de la escuela secundaria. La frase del 29 de abril de 2022 la escribió (desde ultratumba) Chicho Ibáñez Serrador para uno de sus maravillosos “Cuentos de Frivolidad”.

Dentro del Pórtico del Juicio hay una bolsa mixta que ha sido manipulada para que su tapa ya no pueda cerrarse. Es el útil artículo 3 del Código Civil el que se aplica a un roto y descosido (“las reglas se interpretan de acuerdo con la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”). Es una dieta demasiado baja en calorías, porque en nuestro caso la realidad actual es idéntica a la de nuestros padres y abuelos.

La premisa de partida de la que parte el carro jurídico del TS es (FJ 3 de su resolución) “la ausencia de una definición del concepto de reinversión”. Sin embargo, la falta de bolas de marfil no impide que el TS sea un consumado maestro del billar de fantasía. Con un giro lingüístico desde las cavernas del posestructuralismo más fresco, la sentencia distingue entre una reinversión de “naturaleza física‘ y otro de ‘carácter económico“. La primera versión, a la que se había aferrado la liquidación administrativa, no valía nada, se trataba simplemente de una “transferencia material de un flujo de caja”. La “versión económica” es genial, porque el núcleo del problema no es el período de dos años, sino que la cantidad de inversión en el nuevo activo “igual o supera el precio realizado cuando se vendió el activo anterior. Según el TS, ni la Ley del Impuesto sobre la Renta ni su reglamento contienen una disposición que sustente el criterio administrativo. Señale además: “La ley ordena la necesidad de un conexión financiera“.

El TS tuerce las tablas de la ley: nada impide la existencia de financiación con deuda”como una cantidad equivalente sobre el monto recibido por la casa transferida”, nos dice el sanedrín forense. “¿Por qué el marqués del Viso construyó su palacio? Porque pudo y porque quiso”.

María Moliner define el verbo transitivo reinvertir como el acto de invertir los beneficios de la actividad productiva en la expansión del propio capital. Es una definición ignorada por el TS, útil al poder judicial (ya sea que lo administre Agamenón o su porquero) para resolver un problema tramado por la imaginación de un grupo de jueces. La reinversión aumenta el capital de los activos anteriores.

La sentencia de 29 de abril de 2022 imparte la siguiente enseñanza: “Aplicar la exención por reinversión en la adquisición de una vivienda habitual en el IRPF cuando el dinero destinado a tal fin proceda de un préstamo realizado por un tercero, ya sea directamente o como consecuencia de la celebración de un préstamo contraído por el vendedor del inmueble, hay que tener en cuenta que el importe a reinvertir no es solamente el importe efectivamente desembolsado en el plazo de dos años necesario para la reinversión, sin embargo, también puede extenderse a los montos de los préstamos amortizados posteriormente“. En este caso, el TS analiza normalmente.

La interpretación del TS conduce a resultados absurdos que no son los pretendidos por el legislador. Así, la validez de la deducción por inversión está ligada por la propia ley del IRPF (artículo 70) a que los bienes del contribuyente al final del período impositivo superen el valor que tenían al principio, al menos en el monto de la inversión realizada. El TS por su parte Premio Despilfarro del consumo por parte del contribuyente y penaliza las inversiones y el ahorro, sin los cuales se pararía el motor de la actividad económica. Nada impide que los beneficiarios del TS, el ficticio “reinversor” en trance de este peregrino, recauden el producto de la venta de su antigua casa en un crucero de lujo al estilo Captain Tan (por supuesto, con una rubia -o rubia- platino – vecino de la cabaña) mientras realizaba la compra financió su nueva casa con un préstamo a cuarenta años de sus ingresos ordinarios. Agravado por el hecho de que la cuenta del partido está siendo pagada por el resto de contribuyentes (directamente o mediante la modalidad de menor gasto público) debido a la reducción de la tesorería gracias al agujero de la exención.

Expresión. El prefijo “re” significa repetición. Es una partícula que alude a la intensificación de la trama.. Nada que ver con la intolerable ligereza (y toxicidad) que destila la exención de no reinversión, que la Audiencia Nacional falsificó “ex nihilo” y “contra legem”.

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